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Yo, mi, conmigo

Para mí la definición de literatura implica cierto pago de nuestro amor propio. Hablamos de textos que se escriben con la necesidad de ser leídos por otras personas para dotarlos de verdadero significado, textos que sin la figura del lector carecen de intención.
 
Un lector al que reclamamos que abandone sus quehaceres y se concentre en nuestra obra. Una exigencia nada desdeñable, donde el autor muestra su ego, ya que si carece de él, ¿porqué querría nadie leerlo?
 
estimaNos sentimos importantes cuando alguien lee un texto nuestro y habla bien de él (a otra escala podríamos decir algo parecido de las redes sociales). Algo se nos hincha en el pecho, algo que en ocasiones nos lleva a creernos lo que no somos. Como muchas cosas en la literatura, tal y como yo lo entiendo, se trata de manejar paradojas: por un lado nuestro ego crece y nos sentimos capaces de mayores logros, por otro lado, tener una imagen distorsionada de nuestras habilidades  no nos ayuda a contar la historia.
 
He aquí la primera paradoja: uno debe creer a muerte en su idea de literatura, pero al mismo tiempo debe ser capaz de escuchar las críticas. ¿Alguien puede ayudarnos a manejar esta paradoja? Es uno mismo quien debe hacerlo, y ese es uno de los mayores problemas del artista, me parece. 
 
No olvidemos que, por mucho que lo creamos, no somos especiales. Como dice un amigo mío, si fuéramos genios hace tiempo que el mundo ya lo habría descubierto por nosotros.