Breve historia cartográfica de Valencia

Una de las cosas que suelen comentar los actuales habitantes de la Capital del Turia es lo mucho que ha cambiado en las dos últimas décadas.

Sin entrar a discutir esto, cuando uno se asoma a los antiguos planos de la ciudad lo que más sorprende es la transformación sufrida precisamente antes de ese periodo, tras siglos de conservar su misma figura urbana. Podemos comprobar esto si comparamos la pintura de VDW que encabeza este apartado y el dibujo bajo estas líneas, fechado en 1858. Trescientos años transcurrido apenas en un parpadeo.
Dibujo de Guerson (1858)

Dibujo de Guerson (1958)

Valencia es una de las ciudades más antiguas de España, fundada con el nombre de Valentia Edetanorum por unos dos mil colonos romanos del año 138 a.c. en una estratégica isla fluvial (el brazo que la rodea se secará con los años) algo alejada del mar y atravesada por la Via Augusta.

En el 718 se convertirá en la Balansiya musulmana, boyante urbe de 15.000 habitantes contenida en las estrecheces de una muralla árabe del siglo XI que, en palabras de al-‘Udzrí, “en todo Al-Andalus no se conoce ciudad de muros tan perfectos y hermosos”. En un plano de 1856 podemos ver la convivencia de estas dos fortificaciones (aproximada en el caso romano).

La ciudad medieval viene configurada por esta muralla, de la que restan las Torres de Serranos (1398) y las de Quart (1460), aunque llegó a tener doce puertas. Desde el siglo XVI al XVIII perdurará el modelo de ciudad conventual, donde llegarán a coexistir 46 conventos que ocuparán una sexta parte del espacio intramuros. El plano de Manceli (1608) y el del padre Tosca (1704) darán fe del desarrollo de la ciudad en este periodo.

100 años más tarde, durante la invasión napoleónica, las cosas han cambiado poco, como vemos en el mapa militar de 1808 que mostramos a continuación. En él podemos apreciar el tímido desarrollo hacia el mar: el recién estrenado Camino del Puerto (1802), y las incipientes construcciones en Grao, el Cabañal y Lazareto (Nazaret). Una exploración más minuciosa del plano nos permite observar los poblados que posteriormente formarán parte de Valencia: Ruzafa (en 1877), Campanar (en 1897), Quarte (Quart), Olivete, Benimaclet, Patrix (Patraix), San Vicente, Marcialenes (Marxalenes), Beniferri, Benicalaf (Benicalap), Oriols (Orriols), etc…

Plano militar de 1808

Pronto la ciudad se queda pequeña (en 1900 llegará a los 213.530 habitantes el doble que 60 años antes) y se proyectan ensanches entre 1858 y 1920, que prefiguran un modelo de ciudad burguesa: ensanchar para reformar lo existente. Pero estos proyectos tropiezan con muchas dificultades. Se acometen reformas menos ambiciosas pero que condicionan el desarrollo de la ciudad: en 1865 se derriban las murallas de la ciudad, usando su espacio como ronda de circunvalación y enlace con los futuros ensanches, se amplía la calle de la Paz (1907), la plaza de la Virgen y del Ayuntamiento, y, sobre todo se crea un segundo anillo viario, formado por grandes vías perpendiculares desde el río, que anuda el disminuido ensanche. En el plano de 1899 comprobamos el aspecto de la urbe, así como el amplio desarrollo del Cabañal y el trazado del Camino de Tránsitos (apenas unas líneas trazadas sobre el plano), la tercera circunvalación de la ciudad. El Camino del puerto empieza ahora a poblarse.

Mapa de 1899

Tras el proyecto de 1907 de Morá/Pichó se agota el modelo de ciudad burguesa. Los insuficientes ensanches se han colmatado, y se ejecuta sólo parcialmente (especialmente entre Tránsitos y la Gran Vía). La construcción de “casas baratas” en la periferia, amparada por las subvenciones y la legislación, acentúa el crecimiento caótico fuera de la caduca red de ensanches y se forma a finales de los años 20 la ciudad dispersa, un conglomerado inacabado e irregular que ha expulsado usos y funciones hacia una caótica periferia, cuyo lento crecimiento se condicionado por una anárquica red ferroviaria y de carreteras. El mapa de 1925 confirma el fracaso del modelo de ciudad burguesa.

Plano de 1925

En 1942 se comienzan a suprimir 263 pasos a nivel y se acomete el “Plan de reforma de Valencia y su cintura”, que trata de, en la medida de lo posible, corregir los desequilibrios urbanísticos y racionalizar las infraestructuras.

Valencia sigue siendo, aún en los 50, una ciudad dispersa, fuera de las grandes vías. Pero el tiempo, el cemento y el explosivo furor urbanístico que todos conocemos irá rellenando cada hueco del terreno, hasta conformar la ciudad que es ahora.