Informe Nº3

Informe nº 00357 del Colegiado nº 829                       TIP. nº 5178, Vicente Mejías Alcaraz
Valencia, a 1 de diciembre

El presente informe es una continuación del anterior, nº 00356, de fecha 26 de noviembre. La noche del pasado miércoles, a petición de mi cliente JMAT, acudí al jardín del barrio de Campanar para comprobar que la transacción entre los sospechosos se realizaba de la manera acordada. Yo estaba parapetado en el interior del Packard y me hundí en el asiento mientras calaba el sombrero hasta las cejas. No tuve que esperar mucho. A las 1:20 horas apareció el Sr. D con un maletín negro de piel, mirando nerviosamente a ambos lados de la plaza. Un par de indigentes despistados salieron de sus bancos, huyendo como palomas asustadas, y de las sombras emergió un gigante. Era el Chapas, eso no podía dudarse. A su lado aparecieron dos sombras más, y una de ellas arrastraba a la chica, amordazada, a juzgar por sus gemidos ahogados. Salvo aquello, todo estaba en silencio. Entonces el Chapas empezó a hablar con el recién llegado. Yo estaba lejos y no podía distinguir lo que decían, pero comprendía lo que estaba pasando.

Y hablaron, más de lo esperado. Al parecer el tipo del maletín exigía algún tipo de garantía que nadie iba a concederle aquella noche. Hizo un movimiento dentro de su abrigo y un brillo metálico y una advertencia brotaron a la vez de las sombras antagonistas. Eso sí que lo oí: “Si sacas el puto arma, empieza ahora la mascletá, imbécil”. “Es un móvil, joder”, dijo el otro. Las cosas parecieron, pero solo fue un espejismo. Bang, Bang. Los disparos procedían de un nuevo invitado alojado previamente en el interior del parque, y una de las sombras tras el Chapas cayó al suelo. Los otros dos respondieron. Hubo más disparos. Sin dudarlo, salí del Packard envuelto en mi gabardina, agachado tras los coches estacionados y llegué hasta la chica, que habían dejando de rodillas sobre el suelo. Un par de balas silbaron sobre mi cabeza y rompieron los cristales del vehículo a mi espalda. El Chapas se giró para ver lo que sucedía, se inclinó mientras me encañonaba, pero yo me moví más rápido y le encajé una patada en plena cara antes de escapar. Bastante estaban teniendo aquellos tontos con su Nit del Foc para seguirme. Entonces el tipo del maletín cayó al suelo y el silencio llegó de nuevo. Tuve el tiempo justo para subir al coche con la chica y deslizarme en el asiento a tiempo de que el Chapas no me volara la cabeza cuando su bala estalló en el parabrisas. Las ruedas chillaron y el tipo tuvo que apartarse mientras yo sacaba aquel montón de chatarra lejos de allí, rumbo a un lugar seguro.

La chica era guapa. Me miró con agradecimiento y deseo, como se mira a un pastel de chocolate después de días comiendo naranjas. Una vez que nos alejamos lo suficiente, en la esquina anterior a comisaría, estacioné el coche para asegurarme de que no estaba herida, y antes de que pudiera preguntarle estampó su boca en la mía con salvaje desesperación. No estuvo mal. Después de un rato pudimos llegar a comisaría y la dejé allí, a cargo de Pérez y sus chicos. Aquella noche se había tragado dos muertos más, un alma inocente había sido salvada, el malo continuaba suelto, y un defensor de la cordura volvía a casa cansado, una vez más. Quién dice que Valencia es una aburrida ciudad de provincias.