El Sueño Eterno (1946)

—Así que usted es un detective. No sabía que existiesen realmente, excepto en los libros; o bien que eran tipos grasientos espiando en los pasillos de los hoteles.
(El Sueño Eterno, 1946)

El Sueño Eterno es una de las tres mejores películas del género negro, y la responsable del establecimiento en la memoria colectiva del icono del detective privado, a través de Humphrey Bogart. Su personaje, el Phillip Marlowe protagonista de la novela escrita por Raymond Chandler en 1939, destila cinismo y compromiso, es arrogante y audaz, carismático, deseado por las mujeres y envidiado por los hombres. Pero, sobre todo, se trata de un personaje auténtico.
Cuando uno visiona la película siente la tentación de seguir el hilo argumental sin perderse, continuar las pistas, comprender las hipótesis, de ser el detective, en definitiva. Se trata de un error, pues el verdadero frenesí que se apodera de nosotros en esta gran obra es la fuerza de sus diálogos, la relación entre Bogart y Lauren Bacall, el ritmo trepidante, el suspense y el irresistible magnetismo de Bogie.
 
Podríamos considerarlo un verdadero manual de lo que no hace un verdadero detective privado (al menos en España), pero un genuino acercamiento para comprender a Mejías. Y, por supuesto, es una de las más grandes películas de la historia del cine. Si aún no la habéis visto, no sé a qué estáis esperando: aunque en sucesivos visionados se disfruta más, envidio poder verla por primera vez con ojos limpios. En todo caso, es la película que más veces ha visto Mejías.

La escena reproducida se encuentra al inicio de la película, y reproduce el primer encuentro de Marlowe con la bella y misteriosa hija del general Sternwood: Bogall contra Bacall en su máxima expresión. La definitiva presentación de un detective, pero también la promesa de los apasionantes momentos que están aún por llegar.

Para saber más, se puede acceder aquí al enlace con la base de datos de IMDB.

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