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Actualización web – El Cuervo (This Gun is for Hire)

 

 

He añadido otra frase de película en la sección de Cine Negro. Se trata de la que encabeza el capítulo 4 de "La Ciudad De La Memoria", tomada de la película "El Cuervo". Podréis ver alguna curiosidad de la película, pero sobre todo, una escena que os aseguro es sorprendente. Merece la pena.

Si quieres saber de lo que estoy hablando ve a la oficina de la web y después pincha en la vieja televisión sobre la que se acuesta el gato (algún día hablaremos de él), o si lo prefieres accede directamente desde aquí.

Lo más importante si quieres escribir

Lo sé, abordar este tema es hablar de perogrulladas. Ya, pero precisamente por eso las olvidamos. Y es que los tópicos contienen mucha enjundia, el problema es que nos solemos aproximar a ellos de manera vulgar.

A lo que iba: lo más importante para ser novelista es LEER Y ESCRIBIR. Mucho, y bien.

Ya advertía que era una perogrullada, pero también os digo que no existe mejor consejo para alguien que quiera dedicarse a escribir, o por lo menos es el primer consejo que debería dársele.

LEER: No mentiríamos si dijéramos que los grandes escritores son grandes lectores. Los autores dotados de la perspicacia en su narrativa, capaces de encontrar un frente literario por abrir, o de contarnos cosas de una manera que nos parece nueva, o simplemente capaces de tocarnos, no lo han hecho por casualidad. Poseen una titulación en la mejor Universidad literaria del mundo: la vasta obra de la literatura mundial. En palabras de John Gardner, si uno no es capaz de comprender porqué los grandes escritores encontraron sus soluciones para narrar maravillas nosotros tampoco lo haremos por nuestros medios.

ESCRIBIR: La narrativa es un músculo, y los músculos se ponen a punto en el gimnasio. En nuestro caso la bancada de abdominales está en el escritorio. Tan sencillo como eso. Si no escribes con frecuencia, cada día, o tres o cuatro veces por semana como mínimo, todo lo que eres como narrador se acaba viniendo abajo, porque se pierde el oficio. Da igual si trabajas en tu novela, si escribes un cuento corto, realizar un trabajo de taller o simplemente experimentas reescribiendo una escena de alguien que admiras (de hecho transcribir párrafos de nuestros autores predilectos es un pasaporte seguro para averiguar qué admiramos de ellos). Da igual, el caso es escribir.

Si escribes con frecuencia quiere decir que escribes mucho, y eso quiere decir que cada palabra no “pesa” tanto en tu responsabilidad de escritor. Cuando escribía muy de vez en cuando me parecía que el momento de escribir era “sagrado” un momento importante, en el que algo grande podría surgir. Ahora me doy cuenta de que no, de que uno simplemente escribe, y luego debe decidir qué material deja fuera y cual no. El hecho de escribir una tarde no es tan importante. Lo que sigue siendo inigualable, eso sí, es estar inmerso en el proceso de creación de nuestra obra. Si perdieras mañana 10.000 palabras (o tuvieras que cortarlas de tu manuscrito por indicaciones del editor) daría igual, pues en poco tiempo teclearías otras para superarlas. Escribe. Siempre.

Por cierto, el segundo mejor consejo para ser novelista es: “¡Déjalo!”. Una de las grandes pruebas que debe superar alguien que pretenda dedicarse a escribir es superar este segundo consejo. A ver is lo conseguís, insensatos.

Scrivener: Barras de herramientas

En un post anterior hablé sobre la interface básica y los modos vistas del programa. Ahora voy a contaros algo sobre la Toolbar (barra de herramientas).  ¿Os parece un post poco importante? En realidad no lo es. Muchas veces no perdemos los 5 minutos que podrían ahorrarnos horas de trabajo a la larga. Primero vamos a revisar esta barra de herramientas.

En (1) vemos el botón que muestra y oculta el binder (ahora mismo está activado), y en la sección (2) tenemos los botones de herramienta que podemos editar, como veremos un poco más abajo. Es importante personalizar esta barra según nuestras necesidades.

En el centro tenemos la botonera (3) que conmuta los modos de vistas, y que conocimos en el anterior post.

A la derecha de todo tenemos en (4) el motor de búsqueda, que por sí solo merece el esfuerzo de cambiarse de Word a Scrivener. Tiene una potencia impresionante que podremos usar tanto para construir nuestra trama como en la corrección, y que desarrollaré en un post más adelante. El botón (5) muestra y oculta el inspector (ahora mismo está desactivado).

 Para  customizar la barra de herramientas acudiremos a Tools>Customize Toolbars: Señalamos "Main toolbar" para ver la pantalla que se muestra a continuación, donde podremos modificar los botones a nuestro antojo. Es interesante hacerlo sobre todo  en la sección (2), aunque puede cambiarse cualquier cosa de la toolbar.
No nos detendremos aquí, puesto que también es importante customizar la barra de formato. En este mismo lugar,  Tools>Customize Toolbars: Al señalar "Format toolbar" obtendremos el cuadro de aquí abajo.
Ampliaremos la customización del editor en un post más adelante, donde podremos también trabajar con y sin regla, y con ,muchas otras opciones. Pero mientras tanto, perded 5 mintutos en establecer los settings de vuestras barras de herramientas. ¿Cuántas veces tienes que bucear por los menús para llevar a cabo una acción que podrías tener en un solo click?

La próxima entrada de Scrivener versará sobre el binder, el corazón de la máquina. Prometo hacerla interesante.

Cinco Libretas

Tengo cinco libretas. No me refiero a las que tengo en un cajón (en ese caso podría irme hasta las varias docenas), me refiero a las libretas que estoy usando ahora mismo, a la vez. ¿Muchas? En realidad cada una tiene su función. Veamos:Si empiezo por la izquierda, se trata de una pequeña libreta tamaño bolsillo, algo machacada, en la cual he ido compilando pequeñas anotaciones del día a día: desde apuntar las frases memorables de una película que estoy viendo hasta la lista de la compra, un número de teléfono o una anotación sobre la distintiva forma de rascarse la nariz que observé en la dependienta de una librería. Papel rayado, por supuesto.

La segunda es la única que no es moleskine, y la única que tiene el papel sin rayar. En realidad es una libretita de publicidad, pero yo la llamo cariñosamente El Cuaderno Rojo, en secreto homenaje al grupo literario que nació en los talleres de Antonio Penadés y Santiago Posteguillo y al que tengo el lujo y honor de pertenecer. Oiréis pronto cosas sobre estos chicos, ya veréis… Esta libreta es una continuación de la anterior, y las voy alternando mientras termino la primera… Por cierto, odio y adoro terminar libretas, es una extraña obsesión.

La libreta de enmedio tenía ganas de comprarla, es una nueva moleskine en formato reportero, pequeña y con la tapa que se abre hacia arriba. Sería la libreta que usa Mejías en sus casos, y de hecho podéis ver las primeras páginas de su contenido en este enlace. Se va a convertir en los próximos meses en mi lugar para anotaciones de la segunda novela, en la que acabo de empezar a trabajar.

La nº4 está muy usada, las esquinas reparadas con cinta aislante negra (como la nº1) y con más de 200 páginas de anotaciones sobre mi primera novela, La Ciudad De La Memoria. Tengo distintas versiones de lugares, esquemas, ideas,… también podéis ver parte de su contenido aquí. Libreta cercana a la jubilación.

Y la nº5… sí, está sin desprecintar, en efecto. Será mi libreta principal de notas para la segunda novela y como ahora estoy sobre todo documentándome y anotando cosas pequeñas, me apaño con la nº3, aunque pronto tendré que romper este plástico. Por cierto, odio y adoro empezar libretas, es otra extraña obsesión.

Así que es perfectamente lógico (ejem…) que tenga estas cinco libretas apiladas en un estante junto a mi escritorio, no hay nada de lo que extrañarse. "¿Y no usabas Scrivener?", preguntará alguno… ya, claro, veréis, esto va de manías, ¿verdad?

Por cierto, ¿dije cinco? Acabo de recordar las tres que uso para el trabajo: una grande en blanco, un diario pequeño y una moleskine a semana vista (ideal) que me he comprado mientras tenía en barbecho esta entrada…

Scrivener en BiblioCafé

El pasado jueves, 1 de marzo, impartí un seminario de iniciación a Scrivener en BiblioCafé. El evento contó con una asistencia más que notable, en la que tratamos de desgranar las características básicas de este software de escritura creativa.

Como siempre, la primera reacción de la gente cuando les hablas de scrivener (antes de mostrarselo en pantalla, me refiero), es de educada retincencia: "no puede ser tan bueno", "no creo que lo necesite", "yo me apaño bien con Word", etc. Sin embargo, cuando visionan en el proyector un proyecto real de novela y lo que puede hacerse: cómo estructurar nuestra trama, cómo corregir, como usar referencias cruzadas, como mantener el control de lo que estamos contando…  empieza a generarse en la sala un tenso silencio.

Cuando llevaba un buen rato de seminario pregunté (un tanto atrevidamente): "¿Estáis tan callados por interés o porque no comprendéis nada?". "Estamos estupefatos", comentó alguien desde las primera filas, y por los comentarios y mensajes posteriores que he recibido, veo que algo de eso había. Scrivener generó interés, altas espectativas y (eso espero) haya sido una inyección de motivación para los que traban en algún proyecto (no sólo novela, sino también tesis, artículos, etc).

Scrivener proporciona tantas posibilidades ocultas para la escritura, nos posibilita de tal manera desarrollar nuestra historia, que al principio nos resistimos a creerlo, pero una vez que vemos ejemplos el entusiasmo se apodera de los que tienen algún proyecto literario en marcha.

Había una sopresa oculta en la sesión. El equipo desarrollador de Scrivener tuvo el bonito detalle de ofrecer un bono descuento  en la compra del software (que ya de por sí es ridículamente barato) para aquellos asistentes a nuestro seminario. Agradezco efusivamente a la gente de Scrivener el detalle (son gente amabilísima), y ya aquí adelanto que el programa espera estar traducido al castellano para final de año.

En definitiva, una gran tarde descubriendo un nuevo mundo en nuestra escritura, que seguirá teniendo su eco en las páginas de este blog. Estad al tanto.

Scrivener – Repaso a interface básica y vistas

Hace unos días escribí sobre Scrivener de manera general, hablando de lo que ofrece, de sus virtudes y los problemas de adaptación que puede plantearnos. Hoy voy a hablar de la interface básica del programa y de sus modos de vistas, que son parte nuclear del software y su manera de presentar nuestros textos.

Filosofía de funcionamiento
Pero antes debemos entender la filosofía de Scrivener, lo que le diferencia del “Mundo Word” del que la mayoría provenimos. Scrivener está basado en el concepto que el novelista Hilary Mantel describe en su libro “The Agony and the Ego” como “growing a book, rather than writing one”.

Efectivamente, escribir una novela se parece más al hecho de hacer crecer una historia. ¿Cómo hacemos esto? Al principio juntamos unas cuantas ideas en fichas: personajes, lugares, ideas de escenas, etc. Cuando disponemos de las suficientes, las colocamos en algún lugar a la vista (un panel de corcho, un esquema en Excel, etc) y tratamos de ordenarlas y de construir otras ideas a su alrededor. Poco a poco va apareciendo un orden, una trama. Finalmente colocamos nuestras fichas ordenadas en una carpeta archivadora y empezamos a escribir, aunque todavía podremos cambiar el orden. Scrivener está diseñado para trabajar con esta misma filosofía.

 

Interface básica
Echemos un vistazo a la interface del programa. En lo que sigue, usaré ejemplos de mi novela “La Ciudad de la Memoria”, que da título y sentido a esta web (disculpad la calidad de las capturas, hacer click en ellas terminará por mejorarlas). Si usáis Scrivener notaréis alguna diferencia, pero se debe exclusivamente a mi customización del programa, cosa que hablaremos en sucesivas entregas. Pero vamos poco a poco, desde el principio.

Si abro el archivo “proyect” del directorio “La Ciudad De La Memoria.scriv” me encontraré con esto:
Podemos diferenciar en cuatro partes principales de esta interface, que me marcado en rojo:
1: La barra de herramientas o Toolbar: una de las primeras cosas que deberemos customizar para adecuarla a nuestro uso. En Tools>> edit toolbar podréis hacerlo.

2: El Binder o archivador: Su función es similar a una carpeta de anillas, en la que puedo insertar, separar, añadir o quitar, etc, los distintos fragmentos que componen mi texto. Aquí vemos su título y podemos activar los que queramos. Activar quiere decir que la información referida a esos fragmentos será la que visualicemos en el editor, inspector, corkboard, outliner, etc (aunque también podremos activar fragmentos en otro lugar)

 3: El Editor, donde escribiremos (o copiaremos) nuestros textos, en un entorno no tan diferente al de cualquier procesador de textos. Podemos establecer nuestras preferencias por defecto (tipo de letra, interlineado, etc), y seremos capaces de establecer aquí un setting completamente distinto al del texto final. En Scrivener, por comodidad, lo que escribimos y lo que luego se imprime/compila no tiene porqué verse igual.

 4: El Inspector, donde se encuentra el meta-data asociado a cada fragmento de texto. Aquí podremos incluir la sinopsis de cada parte, notas, distintas versiones del texto, etiquetas para agruparlos, definir su estado, añadir referencias internas o externas (enlaces a nuestro disco duro o páginas web), etc, etc, etc…

 De estas cuatro partes escribiré con detalle en próximas entradas, pues hay bastante que decir sobre ellas. Pero antes veamos las vistas que nos ofrece Scrivener.  

 

Vistas de Scrivener
Las vistas se conmutan entre ellas con el grupo de tres botones que se aprecia en el centro de la toolbar.

Scrivenings: El primer modo de vista son los Scrivenings (es la vista activada en la imagen anterior). Se trata de los fragmentos de textos activos, que veremos de manera similar a un procesador de textos. Nada sorprendente aún, lo que sucede es que si activo, por ejemplo, la escena 2 del primer capítulo y la escena 4 del capítulo 19, podré verlas una a continuación de la otra, como si estuvieran redactadas de manera contigua. De todas formas, hablaremos en profundidad de esta vista en una futura entrada que le dediquemos al editor.

 

Panel de corcho: El segundo botón permite el modo de vista corckboard o panel de corcho. Se trata de un intuitivo expositor donde manejamos las fichas correspondientes a cada fragmento de texto. Podremos ver el meta data asociado del Inspector, y disponemos de muchas opciones de customización.
1: Botón para acceder a la vista. Se accede al primer nivel bajo lo que está activo en el binder. Esto es importante: si señalo un capítulo, veré las escenas del capítulo, si señalo al manuscrito (como he hecho aquí), veré todos los capítulos (1er nivel) pero no las escenas dentro de ellos (2º nivel) que son documentos “hijos” de los capítulos (y “nietos” del manuscrito, si seguís el símil). Para ver estos otros niveles tenemos el Outliner.

2: Con esta parte del header podremos navegar entre las secciones y activar el nivel que queremos visionar sin necesidad de abrir el binder.

3: Cada ficha presenta su logo de carpeta, el título, la sinopsis, el “sello” del estado. Se pueden colorear según el label/foco, o añadir colores de los keywords, o quitar el rayado, etc.

4: Aquí está el acceso rápido para las opciones más básicas de esta vista, como el tamaño, distribución.. Para más detalle hay que ir a Tools>>Options, y en la pestaña “Corkboard” hay más opciones. También en la pestaña de “Appearance” podremos trastear los colores, el fondo, etc.

 

 Outliner: Aquí podremos observar nuestra trama ya creada o en proceso de ajuste.
1: Botón para acceder a esta vista. Se visionan los niveles bajo lo que está activo en el binder, puedo ver todos los niveles bajo él, depende de si quiero contraerlos o no. En este caso tengo activo “Manuscrito”, así que accedo a todos los capítulos (y sus escenas, si las despliego). Si tuviera activo el capítulo 1, por ejemplo, sólo podría ver las 5 escenas que cuelgan de él.

2: Con esta parte del header podremos navegar entre las secciones y activar el nivel que queremos visionar sin necesidad de abrir el binder.

3: Aquí elijo las columnas del Outliner: puedo poner la sinopsis, el % de palabras que llevo, el label, el status, título, etc, etc, etc. Los puedo cambiar de lado y puedo modificarlos escribiendo en esta vista. Lo que cambie aquí cambia también en el binder, en el inspector, etc, etc…

3: Aquí hay un capítulo extendido. Al hacer click despliega bajo él el siguiente nivel. No se ven más niveles porque mis escenas no tienen “hijos”.

4: Aquí hay un capítulo contraído, sin expandir. Nótese el triángulo sin color y en otra posición. Haciendo click en él conmutamos las dos posibilidades.

Es importante señalar que las vistas son sólo modos de visionar la información, no aplicaciones distintas. Por lo tanto, cualquier cosa que cambiemos en una de las vistas será modificado también en el resto, y viceversa. Por ejemplo, cambiar de lugar una ficha en el panel de corcho conllevará hacerlo también en el binder y por ende en la disposición de nuestro texto.

Otra circunstancia de estas vistas es que se despliegan en el lugar del editor, por lo que podemos desplegar el binder o el inspector en cualquiera de ellas.

Queda una última vista, una forma de ver nuestro texto de manera bastante especial, llamada Pantalla Completa. En la pantalla completa tendremos antes nosotros tan sólo los fragmentos activos, sin ningún botón, scroll, barra, etc, que nos distraiga. Se accede desde el sexto botón de la Toolbar (al menos en el caso de mi disposición, mirad las imágenes), o pulsando F11. Es un entorno de composición pensado para escribir un fragmento del que ya conocemos su relación con los demás sin distracciones. Es completamente customizable, también, pero lo veremos en la entrada que le dedicaremos en un futuro.

Ahora ya debemos entender básicamente el programa. Prueba por tu cuenta y experimenta. Ten en cuenta que todo lo que hagas podrás deshacerlo (o rehacerlo) más tarde. Nos leemos en próximas entregas.

Actualización web – El Halcón Maltés

 

He añadido una frase de película más en la sección de Cine Negro. Se trata de la frase que encabeza el capítulo 3 de "La Ciudad De La Memoria", tomada de la película "El Halcón Maltés". Podréis ver alguna curiosidad de la película, pero sobre todo, la escena donde se cita la frase en cuestión. Os aseguro que es buena.

Si quieres saber de lo que estoy hablando ve a la oficina de la web y después pincha en la vieja televisión sobre la que se acuesta el gato (algún día hablaremos de él), o si lo prefieres accede directamente desde aquí.

Scrivener: la revolución del storyteller

Hoy me toca hablar sobre un programa que ha revolucionado mi manera de contar historias, y que es más que probable que revolucione la vuestra, si es que os atrevéis a probarlo. Estoy hablando de Scrivener.

He probado muchos programas de escritura creativa: celtxstorybookywriterdramática, final draft, etc, pero siempre he encontrado el mismo problema: el software me obligaba a trabajar de una determinada manera y a rellenar datos que no me interesan, con un entorno limitado y en el que echaba de menos labores de estructuración. Entonces descubrí Scrivener, y ya lo tengo todo.

¿Qué ofrece Scrivener? Un procesador de textos fiable, que puedo convertir en una pantalla completa sin distracciones (aunque no huérfana de funciones); un tablón de corcho donde barajar ideas y escenas a mi antojo para generar la historia; un estructurador para controlar el avance de mi argumento, monitorizar la longitud y progreso de cada parte y su estado de revisión.
Pero esto es sólo el principio: también puedo ver varios fragmentos a la vez, mover partes de una historia sin esfuerzo, intercalar y comparar escenas, disponer distintas versiones de un mismo capítulo, localizar fragmentos en los que aparece un personaje o idea (o cualquier cosa que se me ocurra), anotar o señalizar, revisar errores recurrentes o tics en mi estilo, etc… y el “etc” es un eufemismo que se queda muy , muy corto.

¿Cuáles son los puntos fuertes del programa? Sobre todo la flexibilidad, que permite que las acciones puedan hacerse de distinta manera, y que poder trabajar y estirar el programa a voluntad. Por otro lado, Scrivener se ha desarrollado sobre la experiencia de la versión de Mac y un importante foro de betatesters, escritores, que han opinado sobre lo que echan en falta en un procesador de textos convencional, o lo que le gustaría que tuviera su programa ideal.

Entonces, ¿Scrivener es perfecto? ¿Qué problemas plantea? He detectado motivos que pueden amedrentar a los más entusiastas. Lo primero es el idioma: Scrivener se encuentra en inglés, si bien será traducido al español a final de 2012. En realidad no hay que ser experto en el idioma, sino manejar un vocabulario básico, semejante al de cualquier software conocido. Los otros dos puntos de fricción para los nuevos usuarios tienen una causa común: cuando uno comienza a usar el programa le embarga una euforia que nos hace querer ir más deprisa de lo prudente. Es posible que lo hayamos olvidado, pero nadie dominó Word en una semana. Puede parecernos que el procesador de textos es limitado, o que la compilación no es intuitiva y presenta cierta dificultad.Lo cierto es que el procesador no tiene todas las opciones de Word, pero presenta todo lo necesario para narrar una historia. En cuanto a la compilación, el problema es el siguiente: estamos tan atados a la naturaleza de Word que, si bien hemos llegado a tolerar sus limitaciones (puede ser terrorífico hacer un scroll a lo largo de 300 páginas para localizar un fragmento completo), nos cuesta despegarnos de sus virtudes, como la de visionar en pantalla exactamente lo que veremos si imprimimos el documento.

En Scrivener esto no es así: nuestras textos se encuentran  fragmentados como hayamos decidido hacerlo, y para ver su aspecto “tipo Word” tendremos que realizar una operación intermedia llamada “compilación”. Esto es así porque en Scrivener no sólo introducimos el texto que conforma la narración, sino que además tendremos anotaciones, documentación, títulos de cada parte, sinopsis, y todo lo que rodea a la composición de una novela, así que deberemos decirle al programa qué versión de nuestro manuscrito queremos exportar a un formato, que podrá ser .doc, .pdf, .rtf, .epub, etc… Para esto existe un interfaz que deberemos aprender.

Pero tranquilos, los resultados tras poco tiempo os sorprenderán. En mi experiencia, os diré que a mitad de “La Ciudad De La Memoria” me cambié de Word a Scrivener, y en ese momento pensé que merecía la pena perder 10 días con el programa para encontrar la motivación que necesitaba. ¿Y sabéis qué? No perdí diez días, en realidad gané dos meses, y terminé el proyecto antes de lo que había planeado.

En una próxima entrada haré una overview del interface del programa en torno a sus cuestiones más básicas. Si os interesa Scrivener este es un blog donde, entre otras cosas, iré desglosando sus entrañas y su funcionamiento. O también podeis venir al evento que celebramos este 1 de marzo en Bibliocafé.

Cambio en la fecha del seminario de Scrivener

Debido a que el 23 de febrero, a escasos 40 metros de Bibliocafé, el Valencia juega una eliminatoria de la Europa League, el master de BC me sugiere que traslademos la fecha para evitar problemas. Así que el seminario será el 1 DE MARZO, a las 19h. No creáis que el espectáculo ha vencido a la Literatura: es simplemente prudencia.

Recordad: entrada libre y gratuita. Espero y deseo que esta modificación no os suponga ningún trastorno y que os venga mejor aún que la fecha anterior.

 

 

 

Actualización web – La Ciudad

Sí, dos actualizaciones en un día (es que al principio siempre hay muchas cosas que arreglar).

En el apartado "La Ciudad" he subido la primera sección, que descubre algunos de los secretos que se ocultan bajos los mapas (y el suelo) de la ciudad que pisa Mejías, y que quizás hayas pisado tú también. 

Si quieres acceder a este contenido métete en la oficina de la web, y pincha sobre la carpeta de documentos que están a punto de caerse de la mesa de Mejías, o bien accede directamente desde aquí. Después pulsa sobre la sección que está habilitada "Breve historia cartográfica de Valencia".