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Scrivener en español para el próximo diciembre

Llevaba un tiempo ausente, pero espero que las siguientes entradas compensen semejante ejercicio de inactividad. Para empezar, os traigo una noticia estupenda y muy esperada: ¡en diciembre tendremos una actualización gratuita de Scrivener en español!

La versión actual del programa es la 1.2.5.0, de 13 de agosto, sin embargo los chicos de Literature&Latte no han estado ociosos desde entonces, ni mucho menos. El pasado jueves, a través de su página de Facebook el pasado jueves anunciaron la subida a la web de una versión beta de esta próxima actualización, que se probará por voluntarios durantes las próximas semanas, y que el desarrollador cree poder lanzar a principios del próximo diciembre; es decir, ya mismo.

La nueva versión se llamará 1.5., y el salto numérico conlleva un equivalente de salto tecnológico: los desarrolladores se han propuesto equiparar la versión de windows a la de mac en breve, y ya preparan el desarrollo de Scrivener 2.0 para alcanzar el desarrollo de mac en algún punto de verano de 2013.

Entre las nuevas características de scrivener, quiero destacar Las nuevas características de Scrivener 1.5. destaco mis novedades favoritas en negrita:

-Scrivener ahora importa/exporta archivos OPML, freemind .mm, CSV.

-Implementada la función import and split

-Importación de proyectos de scrivener

-Imagen de fondo en full screen

-Preview mejorada antes de imprimir

-Imprimir tarjetas del panel de corcho

-Imprimir outliner 

-Comentarios y anotaciones en el inspector

-Opciones de anotaciones, pies de página y comentarios mejoradas

-Nuevos lenguajes: español, chino, alemán, francés, ruso.

-Mejorada la velocidad de ejecución del programa

-Opciones de compilar mejoradas

-Compatible con Windows 8

Libros sobre escritura creativa (I)

Los que me conocen saben de mi inclinación por los libros de literatura creativa. Poseo un par de estantes repletos junto a mi escritorio y una creciente carpeta virtual en formato kinddle.

No es la primera vez que alguien me pide consejo por este tipo de libros, y mi respuesta suele parecerme poco concreta. Así las cosas, creo necesarias unas entradas al respecto: así podría averiguar lo que pienso, ayudar a aquellos que anden un poco perdidos y, de paso,… ahorrarme repetir argumentos.

Pero vayamos al tema. ¿Qué significa literatura creativa? ¿Acaso toda la literatura no es creativa? En realidad se trata de una traducción directa de “creative writing”. Alrededor de los años 20 del siglo XX, las universidades norteamericanas incluyeron en sus programas educativos un espacio para enseñar a componer textos literarios. Poco a poco fue extendiéndose esta actividad entre centros públicos, privados y freelance, hasta el punto de que en la actualidad muchos autores viven de sus seminarios y talleres literarios más que de las ventas de sus novelas. Ahora mismo existe un gran mercado de publicaciones y cursos de lo más variopinto. Un mercado, todo hay que decirlo, cerca de la saturación.

En España la cosa está aún en pañales, tanto en la enseñanza como en las publicaciones al respecto. También es cierto que el mercado aquí es mucho menor. Pero, vamos, todos los libros que de una manera u otra tratan de enseñar a escribir ficción, podríamos considerarlos dentro de este polémico epígrafe de “Literatura Creativa”.

Yo añadiría algo más. La literatura creativa parte de la base de que se puede enseñar a escribir ficciones, en contra de la postura defendida por otros de que la literatura es un arte que no se puede enseñar, y que depende exclusivamente del talento innato, el aprendizaje por libre o de la llamada de las caprichosas musas.

Imaginaréis que defiendo la primera postura: un cirujano o un abogado estudian para dominar su oficio. Incluso un escultor o un pintor deben aprender técnicas de sus profesores antes de desarrollar sus potencialidades. En esto estamos de acuerdo pero, por alguna razón, cuando llegamos a la escritura no solemos tenerlo tan claro. El caso es que muchos pueden llegar a escribir ficciones que merezca la pena leer. Ayudan ciertas aptitudes, es cierto, pero el factor definitivo es el esfuerzo, la implicación personal en el arte de la ficción. El éxito, el fracaso, o convertirse en un artista mejor o peor… ya son otra cuestión.

En la próxima entrada os explicaré mi clasificación subjetiva sobre los tipos de libros de creación literaria que nos encontramos en el mercado.

Tengo que soñar más

Esta noche he tenido una experiencia literaria-onírica que quiero compartir aquí.

Soñaba que leía el relato de un importante autor español sobre un legendario literato ya muerto, probablemente J.L. Borges (¿ve el lector a dónde se encamina mi torpe ausencia de detalles?). Se me ocurrió una idea para continuar el cuento: un personaje adicional, mi alter ego, se introducía en una nueva historia explorando los pasos del genial (y supuesto) argentino, por una serie de peripecias filosóficas (nótese de nuevo la falta de concreción por mi parte) que le llevaban a transmutarse en un nuevo ser distinto al del inicio, tampoco similar al literato al que perseguía, sino una espalda y una cara al mismo tiempo de su persona, reflejada en un espejo a la vez, el principio y fin de su existencia (pido algo de compasión por lo grosero de esta prosa).

La cuestión es, y aquí empieza lo interesante, que entonces yo averiguaba EXACTAMENTE la historia que quería contar, me despertaba en mi casa del Mar Menor. En el comedor me esperaba Miriam, envuelta en sábanas y…. gatos. Conversábamos un poco sobre las motivaciones de los personajes, por la verosimilitud de sus acciones, los puntos de giro, el suspense añadido, el tono a usar, etc, hasta que, no solo la historia encajaba perfectamente, sino que además nos ofrecía tres o cuatro posibilidades más de transformarla en el mejor relato que jamás hubiéramos escrito.

En ese preciso instante me desperté… en esto que llamamos mundo real, un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño. Al mirar el reloj he visto que pasaban de las cuatro y media de la madrugada. Al darme cuenta de que ya no había más sueños posibles en esta serie onírica de muñecas rusas he comprendido, y me resulta complicado expresarlo mejor, he comprendido todas las variables y detalles del cuento que había soñado dentro de mi sueño. Era tan claro para mí que podría recitarlo sin esfuerzo, tanto que me he dicho: “no necesito escribirlo en una libreta, lo haré mañana, de día”. Una parte de mí ha temido que al volverme a dormir alguna mano burlona borrara, como armada con un rectángulo Milán nata, todo lo que había soñado, así que me he levantado para anotarlo todo en una libreta pequeña que tenía en el comedor.

De mi cama al comedor hay que recorrer aproximadamente ocho metros del piso: levantarse de la cama, rodearla, abrir una puerta, pasar entre los gatos por un tramo de pasillo, abrir otra puerta y alcanzar con tres pasos la mesa sobre la cual me esperaba la libreta. Un trayecto que se completa en apenas unos segundos. Durante ese recorrido ha pasado algo extraño. He sentido como si una gran figura de forma extravagante se viniera abajo a mi paso, como si estuviera formada por un montón de frágiles ladrillos a los que alguien hubiera olvidado poner argamasa o cemento: caían hasta el suelo, se hacían añicos, los pisaba sin querer quebrándolos en fragmentos aún más pequeños. De esta manera, cuando he abierto la libreta y empuñado el bolígrafo me he sentido vacío: “El relato va de…” “El autor se llama…” “La acción empieza cuando…”. Era incapaz de recordar nada. Me he sentido asombrado pero también triste y fascinado. Aquella historia que me había conmovido segundos antes ya no es nada, solo unos garabatos ininteligibles en mi cuaderno.

Esto me recuerda una cosa: hace ya nueve años soñé con un detective bajito y torpe, que se introducía en un decorado de la película “El sueño eterno” y que, entre desaguisados y aciertos inconcebibles, a pesar de sus evidentes carencias, lograba hacer triunfar su voluntad. Esa noche tampoco pude escribir lo que había soñado, pero sí que tecleé tres páginas donde explicaba quién era ese personaje. Esas páginas reposaron en mi disco duro unos años, evitando por fortuna formateos, borrados accidentales y mudanzas informáticas, hasta que al fin me aventuré a crear al detective Mejías y a escribir su historia, o al menos parte de ella.

Es curioso cómo son los sueños, y lo sorprendente es el poco caso que solemos hacerles. Yo esta noche he aprendido algo crucial: tengo que soñar más.

II Taller de Scrivener en Valencia

Al fin el segundo taller de Scrivener en Valencia es una realidad. Durante el próximo mes de octubre dirigiré de nuevo un taller presencial de escritura con Scrivener en Bibliocafé

El curso constará de 5 sesiones, de 2 horas de duración cada una, los jueves de octubre (del 4 al 25), de 19 a 21 horas. La quinta y última sesión es de repaso práctico de los contenidos y del trabajo de los talleristas y se consensuará su fecha con los asistentes. 

Empezamos el 4 de octubre. El coste del curso es de 85€ e incluye una consumición en cada sesión.

El curso va dirigido a los que os encontréis en cualquier estado de una obra: texto terminado a falta de revisión, escritura en proceso, planificación de la estructura, o incluso fase previa antes de empezar. La flexibilidad del programa es tal que da para ello. Incluye asímismo una tutoría personalizada y un descuento en la adquisición del producto (cuyo PVP sin descuento es de unos míseros 40$ americanos).

 Juntos desentrañaremos los misterios de este programa, y garantizo a los asistentes que habrá un antes y un después en su escritura tras este taller intensivo. Podéis apuntaros en info@bibliocafe.es.

El cartel anunciador del taller y el programa aproximado del mismo podéis encontrarlo aquí.

 Quiero agradecer desde aquí a la gente de Scrivener (la web de Literature&Latte), por su apoyo. Se trata aún de los primeros talleres realizados de este programa en España, ¡y esperemos que no sean los últimos! El Taller de scrivener está Organizado por el grupo literario valenciano El Cuaderno Rojo (ECR).

Próximo curso de Scrivener en Valencia

 Ya casi de vuelta a la vida normal, os avanzo una próxima novedad. Se confirma que en octubre impartiré de nuevo el taller de Scrivener en Bibliocafé después del éxito de mayo pasado.

Tendrá un formato similar, con sesiones de 2 horas los jueves de octubre. Como novedad, incluiremos una quinta sesión, un mes después de terminar el taller, para que sirva como repaso de dudas y resolución de problemas de los proyectos reales de cada alumno.

Espero poder daros más detalles en una semana, permanezcan atentos a sus pantallas.

Empezar otra novela

No es fácil, no es nada fácil.
Si alguno ha escrito o ha intentado escribir una novela, sabrá el esfuerzo que se precisa. Yo vengo del mundo de los cuentos, es decir, durante años he escrito algo más de 30 relatos, e incluso he escrito adaptaciones de obras teatrales y (oh, Dios mío) las canciones y el texto de cinco musicales. Al ser ingeniero, normalmente monto al principio una columna vertebral de mi historia, una osamenta, y una vez terminada le voy poniéndo órganos, carne, piel, etc.

Hasta llegar a la novela. Montar esa primera estructura de "La Ciudad de la Memoria" me llevó muuuucho tiempo, demasiado. Era como llevar en brazos tres kilos de blandiblú, se me escapaba por todos lados. Al final llegué a conocoer mi blandiblú, por así decir, y supe dividirlo en "cajas narrativas". Algunas estaban más llenas, otras un poco más vacías. Tuve que compensar. Reeencribir, tirar, romper, escribir otra vez….

Pantallazo de mi proyecto actual
 

Pero lo que quiero decir es que ya volvería a hacerlo así. Una trama detectivesca necesita precisión, lógica, coherencia, ritmo y, para mí, mucha carne en los fogones: que no se trata de una sucesión de peripecias más o menos entretenida, sino que sea la expresión externa de una verdad literaria que propone el autor, y que tenga más de un nivel de lectura. Ya no se trata de tener una percha y vestirla, es más bien como ser agricultor: seleccionar la semilla, la tierra, el abono, vigilar la germinación, podar lo que se muere, enderezar lo que crece, cuidar las raices, en fin, perfilar este ser vivo que se trae uno entre manos.

Estos últimos meses he aprendido oficio y técnicas narrativas, y uno se siente más seguro. He aprendido a no documentarme tanto y tan a lo loco (esto era debido a mi complejo de inferioridad con los valencianos de toda la vida), a narrar sólo lo que hace avanzar la historia, mejorar mi revisión y mi poda de frases, averiguar qué es lo esencial, y sobre todo, qué es lo que quiero contar.

Así que estamos ahora con la segunda novela. A ver qué pasa.

El segundo mejor consejo que me dieron para escribir

Hace tiempo escribí un post bastante obvio: el mejor consejo si quieres escribir… Ahora viene la segunda parte. Os dejo con el que creo que es el segundo mejor consejo que me han dado nunca en literatura.

Se trata de algo que John Gardner, el más brillante profesor de literatura conocido, comenta en sus libros:

El sueño de la ficción debe ser vívido y contínuo.

¿Qué significa esto? Cuando decimos "vívido", nos referimos a la abundancia de detalles que cada página pintan en nuestra mente las palabras del autor. Detalles concretos, pero sobre todo detalles significativos, imbricados en lo que estamos narrando. Decir que pasó la locomotora de vapor y sus siete vagones es mejor que decir que pasó el tren, y decir que el gato se acurrucó sore la alfombra verde en forma de estrella es mejor que decir que el gato se durmió sobre el suelo. En palabras de Gardner: «La importancia del detalle físico estriba en que genera una especie de sueño (…) …son los detalles físicos lo que arrastran a la historia, los que nos hacen creer u olvidarnos de descreer….»

De igual manera, el sueño de la ficción escrita debe ser contínuo, es decir, debe transcurrir sin sobresaltos, de manera fluida y evitando que el lector levante la vista de las palabras para preguntarse qué está pasando: esto incluye los gazapos, errores de coherencia y, no en último lugar, a las intromisiones del autor.

Nos dice Gardner que «de lo que se trata, en definitiva, es de relatar la verdad, esto es, de plasmar el sentimiento en los detalles concretos (…). La inagotable combinación de los elementos que componen las obras de ficción tiene sus raíces en el universo mismo, o al menos en el corazón de los seres humanos que habitan este universo. De algún modo, el sueño de la ficción nos persuade de que consiste en una versión más clara, más punzante, corregida y aumentada, del sueño que nos rodea.»

Este post lleva una coda en forma de ruego: si estáis mínimamente interesados en lo que acabáis de leer, os haréis un gran favor leyendo  "El arte de la ficción", de John Gardner, verdadero libro de cabecera para comprender cómo funcionan los mecanismos de lo narrado, que os recomiendo de manera encarecida.

Mi nuevo cuaderno de viajero

Algunos de vosotros habréis leído esto, o habréis entrado en esta página, y sabréis que soy bastante aficionado a las libretas y cuadernos. Tengo muchos, de distintos tipos y para varios usis. Siempre llevo alguno conmigo para tomar notas, y la mayoría de mis escritos nacen en estas libretas.

Pues bien, hace unos días he adquirido una fascinante versión de estos compañeros de escritura. Se trata de un cuaderno de viaje Midori de la página web de Inktraveler, una tienda online que ha montado un gran amigo mío, que contiene alguno de los caprichos de escritorio más atractivos que haya contemplado jamás.

La cuestión es que al poco de dar de alta página hice un pedido básico: un cuaderno de piel y un lápiz de bronce a juego. Cuando recibí el paquete no pude evitar un escalofrío: al menos por fuera tenía buena pinta: tanta que tardé algunos minutos en deshacer el envoltorio.

Lo cierto es que conocía el lápiz con forma de proyectil, pero no sabía cómo quedaba el bronce en la mano, ni cómo se ocultaba la mina.

Práctico, bonito, útil.

Aunque lo mejor estaba por llegar. Tras retirar el papel de estraza aparece una caja de cartón que contiene el cuaderno. Lo más fuerte es que me he quedado con la caja de cartón (se supone que debería tirarla) porque me gusta bastante el diseño del cierre que tiene. Casi ná.  La caja viene acompañada con una carta personalizada de bienvenida, cerrada con lacre, un detallazo.

Abro la caja de cartón y aparece… ¿qué es esto? Una bolsa de algodón de sospechoso aspecto alargado, que contiene el cuaderno. Se trata de una funda para poder protegerlo cuando lo llevas en una mochila o de viaje.

Me parece que la supremacía de los cuadernos Mouleskine ha muerto cuando por fin extraigo de la bolsa de algodón la libreta de cuero. Nada más sacarlo, el olor del material me hace sonreir, y pensar que este puede ser el comienzo de una larga amistad.

Porque por el aspecto exterior del cuero la libreta tiene pinta de durar varias décadas. Las tapas alojan en su interior cuadernos de papel que se ajustan con un simple elástico, pero que queda fijado de manera segura con un tensor de metal, que me recuerda al peso que tienen junto al anzuelo las cañas de pescar. Ni grapas, ni mecanismos, todo de lo más artesano e inteligente. Unos nudos en el elástico, unas muescas en el cuero.

Por cierto, una gran ventaja: cuando acabe el papel no dejaré de usar la libreta. Guardaré el cuaderno de papel y lo sustituiré por otro, liso o rallado y lo pondré en el lugar del anterior con las mismas tapas. Además, demonios, la carta de bienvenida dice que puedo meter entre las tapas dos o tres cuadernos a la vez. 

Sencillo, elegante. Genial. Contemplo mi libreta sobre mi escritorio (¿acabaré poniéndole nombre?) y me parece parte del atrezzo de una película de Indiana Jones. 

La carta de bienvenida también indica que con el uso habitual el cuero de la tapa experimenta un envejecimiento natural que embellece la libreta. Ni se me ocurre dudarlo.

Pero falta asaltar la última resistencia: retiro la goma del cierre y me parece asaltar algún tesoro oculto y olvidado. El papel es una delicia, casi me da apuro escribir algo en él…

En fin, se trata de un producto que no es especialmente barato, pero os aseguro de que vale cada céntimo: Midori sabe lo que hace. Es algo que sólo entenderéis del todo cuando lo tengáis en vuestras manos.

Si os gustan los cuadernos, no dejéis de probarlo. Si queréis hacer un regalo, en Inktraveler encontraréis algo que vuestros amigos o familiares recordarán. También distribuyen tinta, efectos de escritorio y las plumas Sailor, la marca de estilográficas más antigua de Japón… pero eso me lo dejo para la segunda vuelta.

 

Scrivener: el Inspector

Hasta ahora habíamos hablado de cuestiones generales, de la barra de herramientas, del binder. Ahora le toca el turno al otro elemento extraño del software: el Inspector.

Si imaginamos que el binder como una carpeta de anillas donde añadimos elementos (representados con un logo de carpeta o de documento) y que cada elemento es como un clip físico o una funda de plástico que contiene, además de las páginas que forman esa parte del texto, un meta-data asociado con ese texto como su título, sinopsis, etiquetas que refieren a los otros elementos, notas, imágenes, etc… ese meta-data tiene su origen en el inspector. Lo vemos visualmente:1: Botón que muestra y oculta el Inspector. En el lado contrario está el botón que hace lo propio con el binder.

2: Copia en la sinopsis las primeras palabras del texto, si no quiero crearla. La sinopsis no es imprescindible, sobre todo si el título es explicativo.

3: Título, el mismo que el del binder. Si lo editáis aquí, cambia allí, y viceversa.

4: Sinopsis, y el cuerpo de la tarjeta. Tiene el aspecto del coarckboard (panel de corcho)

5: He editado el “Label” como “Foco”, ya que quiero señalar quién (o qué) está la acción. Podría haber elegido cualquier cosa que me conviniera (“tiempo” si quisiera poner presente, pasado o futuro, o “personaje” si quiero fijarlo, o “narrador”, etc). Es una decisión importante (aunque siempre se puede cambiar), porque al label se asocia un color, ese que podréis ver en el binder, en el corckboard o en el outliner. Scrivener diseñó inicialmente esta característica para establecer el tipo de documento que hay en el binder: capítulo, escena, acto, documentación, notas, etc… aunque cada uno puede escoger lo que quiera.

6: Al editar “Status” he elegido “Estado” (con las opciones Manuscrito, Primer Borrador, Segundo Borrador, Tercer Borrador, etc…). Simple pero efectivo: identifica el estado de corrección de cada parte. Este estatus aparece como un sello en las fichas del panel de corcho.

7: Estos datos los veremos con detalle cuando hablemos de la compilación de proyectos:
          -“Include in compile” indica que el elemento se incluirá al compilar el manuscrito.
          -“Page break before”, inserta un salto de página antes de esta sección.
          -“Comple As-Is” toma los settings del formato, en lugar de establecerlos en la compilación.

8: Espacio para notas. Aquí aparece todo lo que se marca en (9)

9: Estas flechitas me permiten elegir entre notas de proyecto (las que se verán en cualquier punto) o notas de documento (se verán sólo cuando abra el inspector de dicho documento)

10: Esta botonera conmuta la información a la que tendremos acceso en (8):
De izquierda a derecha, el primer botón es el de Notas: rellenamos aquí lo que queramos recordar con este documento (o con el proyecto). Personalmente, prefiero poner documentos fuera del manuscrito. Pueden copiarse aquí imágenes, aunque en Windows no se reajustan de tamaño.
      El segundo botón es Referencias, que pueden ser: 1) Internas, a otros documentos de scrivener. 2) enlazar con archivos de nuestro disco duro. 3) Enlazar con páginas web. Esto se elige en el desplegable que aparece en el lugar de (9).
      El tercer botón son los keywords, palabras clave que podemos asignar a cada texto, como etiquetas, para luego poder buscar los textos los texto que queramos; Consejo: no uses muchas. Cuanto más tengas, menos útiles serán.
      Por último las snapshots, que permiten conservar distintas versiones del texto.

En todos los menús, con ‘+’ añadimos un elemento, y con ‘-‘ lo eliminamos.

En el siguiente post abordaremos las características más reseñables del editor.